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Viva la pepa

La estoy pasando bien, digo, en este viaje. Hay muchas cosas para hacer en la ciudad de Buenos Aires, y el alojamiento provisorio que me ofrecen mis padres es bastante bueno. Hace 14 años que ando viajando, es un montón pero creanme que se pasa rápido, y se aprende mucho. Aprendí de que se trataba la vida, a disfrutar y a aprender a disfrutar también. Siempre estuve rodeada de gente increíble y no tan increíble pero me llevé mucho de ellos, definitivamente eso es lo bueno que tiene este país, que se aprende. Por otro lado les cuento que tuve que realizar mis estudios aquí ya que la educación es gratuita y mis padres me sugirieron que así lo haga. Mis años en aquella escuela fueron muy buenos, principalmente porque me hice de muchos amigos a los que sigo viendo… los voy a extrañar cuando me vaya. Igual que las amistades que me dieron las actividades que hice, fueron muchas si, y muchas las amistades entonces. Cuando vuelva tendré que contarle todo a las personas de mi país. Posib...

Cristo va al Colón

La primera vez que vi costa sin gente tuve una abrumadora sensación de conquista, de carabela que avista tierra, de Cristobal Colón. La siguiente se trató de conocer playas inhóspitas, sin huellas en la arena. Contemplé el mar como si nunca antes lo hubiera visto. Tuve un sentimiento emotivo de supervivencia, de Cristobal Colón, de estar a salvo. La tercera fue cerca de Necochea, desde el barco vi la rompiente y detrás de ella unos médanos inmaculados, llenos de naturaleza. Me emocioné también pero en esa ocasión realmente sentí que debía ser salvada de alguna forma. Cuántas veces somos salvados sin darnos cuenta... Como cuarto caso cito el ejemplo de un faro y me pregunto que hay detrás de esa luz que me emociona tanto, serán las Carabelas... Cuántas veces somos salvados sin darnos cuenta. Y miro el agua moverse y mi discernimiento me presta a veces buen servicio cuando el cansancio en el agua se vuelve cotidiano, entiendo que puedo pasar muchos días en alta mar pero...

Vivir es preciso

Hace dos años me mudé sola. Alquilé un departamento y con él infinitas responsabilidades de las que no sabía como hacerme cargo. Entendí finalmente tenía que afrontar mis miedos o convivir con ellos. El primer día instalé un artefacto de luz; tomé los cables que colgaban del cielo raso y con papá del otro lado del teléfono coloqué la gloriosa araña, lucía hermosa. La segunda semana me animé a prender el horno a gas, ya que el horno eléctrico de mi casa nunca me había enseñado a cocinar de otra forma. El tercer mes ocupé los cuatro enchufes de la zapatilla sin miedo a incendiar todo y el cuarto mes ya surgieron inventos que constaban de enchufar adaptadores triples en los agujeros de la misma para disponer de más lugares para conectar mis cosas. El quinto y sexto mes me volví experta en reparar las luces de navidad que decoraban la entrada y que el gato no se cansaba de romper.  El octavo pude prender la estufa.  El noveno y el décimo fueron meses relajados. Ya no le ...

Allá yo

Estoy sentada afuera en mi amada intemperie, observando la luna y balanceándome en el sillón colgante de mimbre que puse hace unos años en mi balcón, viendo un conjunto de hermosas enredaderas florecidas, sintiendo el olor a mimbre y escuchando nada más que los grillos y a la distancia algún camión que transita la autopista, o la ruta... Me acuesto en el suelo y me quedo mirando las estrellas, tapada con mi bolsa de dormir y dialogando con cada ola que se acerca y me saluda. La marmita está sucia, está empezando a caer rocío y todavía no armamos la carpa, pero el espectáculo que nos ofrece el cielo es hipnótico. Pienso que si no estuviera acá, estaría observando la luna balanceándome en el sillón colgante de mimbre que puse hace unos años en mi balcón, viendo un conjunto de hermosas enredaderas florecidas, sintiendo el olor a mimbre y escuchando nada más que los grillos y a la distancia algún camión que transita la autopista, o la ruta...

Me gusta porque sí.

Me gusta el aire libre porque en esta vida donde todo es un servicio que algo sea libre es un particular hallazgo. Me gusta porque el ocio no es tiempo perdido y porque si buscamos amigos los encontramos en cada ser vivo que nos rodea. Me gusta comer galletitas sin pensar que voy a llenar el piso de migas, y caminar con los pies sucios porque todo está sucio entonces todo está limpio. Me gusta el aire libre porque me mantiene despierta; hace frío, hace calor, y no me puedo quedar quieta. Me olvidaba de mencionar que hay muchas cosas para hacer y ninguna de ellas son obligaciones. Me gusta que no exista la ansiedad, que el concepto del tiempo parece obsoleto frente a un árbol que permanece quieto toda su vida y si hablamos de la vida se me ocurre pensar que el único lugar donde parece transcurrir sola e independiente es en el aire libre. Me gusta la estética de la naturaleza, los colores combinados sin querer o el querer combinar los colores como lo hace ella. Me gusta que no hay ...

Lo esencial es visible a los ojos

Caminaba por la calle respirando aquel aire que tiene olor a alegría, a otoño, a domingo de 1995, pateaba las hojas secas y pensaba como era posible que me sintiera tan feliz cuando caminaba por la calle. El sol tibio, las hojas en el suelo, la brisa con perfume a invierno, esas pequeñas cosas me hacían sentir feliz.  Un momento... ¿Pequeñas? La naturaleza no es pequeña, y en 1890 a alguien se le ocurrió construir una ciudad y llamarla La Plata, plantar ocho árboles de hojas  que no eran perennes por cuadra y ubicar una universidad en la triple frontera platense. Después a otro alguien se le ocurrió que esa universidad fuera la de ciencias naturales, a la que cientos de personas por día entraban y salían con ideas nuevas. A su vez, yo me estaba gestando en la panza de mi mamá, quien con mucho sufrimiento y esfuerzo me paseó dentro de su cuerpo hasta que yo saliera de ahí. Años más tarde aprendí a caminar, que no porque todos sepamos hacerlo hay que menospreciar el log...

Conjuntos

            El tiempo no tiene una sino muchas vueltas. No estoy segura si ella recuerda los principios o conjuga los tiempos para formar una cronología de períodos entrelazados, pero me aseguro de que si el tiempo fuese tangible se volatilizaría en sus manos.  Ella siente por momentos efímeros que los cuadrantes de la dimensión del tiempo se desestructuran y los ejes comienzan a formar líneas sin dirección. Quizás recordar es lo que me haga girar hasta perder el sentido de la orientación y me sitúa en un camino de empalmes continuos y por eso el rumbo puede formar un ángulo recto con respecto al camino que estaba transitando. Con el intento de oponerse a la estructura temporal, ella no es más que una simple renovación de mujeres distintas unidas por el hecho de pertenecer a la misma persona. ¿Acaso la estabilidad comprende continuos cambios o el nivel máximo de satisfacción es la monotonía? A esa mujer no le cabía duda que hasta cumplir los des...