6/02/2015

Lo esencial es visible a los ojos


Caminaba por la calle respirando aquel aire que tiene olor a alegría, a otoño, a domingo de 1995, pateaba las hojas secas y pensaba como era posible que me sintiera tan feliz cuando caminaba por la calle. El sol tibio, las hojas en el suelo, la brisa con perfume a invierno, esas pequeñas cosas me hacían sentir feliz. 

Un momento... ¿Pequeñas?
La naturaleza no es pequeña, y en 1890 a alguien se le ocurrió construir una ciudad y llamarla La Plata, plantar ocho árboles de hojas que no eran perennes por cuadra y ubicar una universidad en la triple frontera platense. Después a otro alguien se le ocurrió que esa universidad fuera la de ciencias naturales, a la que cientos de personas por día entraban y salían con ideas nuevas. A su vez, yo me estaba gestando en la panza de mi mamá, quien con mucho sufrimiento y esfuerzo me paseó dentro de su cuerpo hasta que yo saliera de ahí. Años más tarde aprendí a caminar, que no porque todos sepamos hacerlo hay que menospreciar el logro... Luego vino la escuela primaria, después la secundaria y el día en que se me ocurrió que quería estudiar lo que estudio. Acto seguido empecé la facultad, la dejé, la volví a empezar y en el segundo año estaba sola, no conocía a nadie. "¿Puedo sentarme con ustedes?" le dije a una chica, y ella me dijo que si, y ella después fue mi mejor amiga. Mientras eso ocurría un arquitecto estaba diseñando un edificio cerca de mi facultad. Y tras cuatro años de amistad con mi compañera de cursada decidimos alquilar un departamento y vivir juntas, queríamos un departamento relativamente nuevo, que entre el sol y que esté cerca de mi facultad. Y mi amiga se fue de vacaciones y conoció a una chica que venía de Francia y estaba de intercambio y no sabía donde vivir, entonces le dijo que venga con nosotras. Entonces ahora somos tres amigas viviendo juntas, y me peleo y me arreglo porque ellas son las hermanas que siempre quise tener, me divierto mucho mucho con ellas. Y cada vez que me voy de nuestro hogar ellas me dicen ''suerte!'' y yo piso la calle sabiendo que voy a tener mucha suerte. Entonces camino hacia mi facultad respirando aquel aire que tiene olor a alegría, a otoño, a domingo de 1995, pateo las hojas y pienso como es posible que me sienta tan feliz cuando camino por la calle. El sol tibio, las hojas en el suelo, la brisa con perfume a invierno, esas enormes, soñadas e innumerables cosas me hacen sentir feliz.

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